Por Gabriel Rivera
En unos días, la nueva línea del metro será oficialmente inaugurada y con ella la identidad que fue creada para la misma. Con decepción podremos descubrir que la iconografía poco o nada tiene que ver con el diseño original planteado por Lance Wyman, quien por esas fecha también había trabajado en la identidad de la olimpiada del 68, en conjunto con Arturo Quiñonez y Francisco Gallardo, la cual se mantuvo por un buen número de años en líneas subsecuentes.
Evidentemente para la línea dorada, la
historia es diferente. La iconografía se resolvió sin retícula, no se considero
el peso visual en conjunto para las 16 nuevas estaciones contra las otras 4 ya
existentes. Cuestionamos si en verdad el trabajo fue desarrollado por expertos
en señalización. Los trazos son diferentes en todos los casos, algunos de los
íconos no son ni referentes ni asociativos, se permitió el uso de líneas muy
delgadas, seccionar elementos, perspectiva, acabados con bordes irregulares y
detalles como ladrillos; muy lejos de la solución original con vistas sólidas, frontales
o laterales, de los elementos distintivos para cada estación, con proporciones
visuales entre una y otra, lo que permitía su reproducción en pequeña y gran
escala sin perder claridad.
42 años después de su creación, la
identidad del metro ha demeritado en mucho su comunicación visual; hasta hace
unos meses, en el propio sitio hacían alarde del diseño de la identidad por
parte de Wyman y su equipo. Quienes en ese entonces consideraron el nivel de
analfabetismo de la población y determinaron la necesidad de asociar el nombre
a un ícono para cada estación, que hiciera referencia al lugar, al personaje o
elemento próximo, facilitando su interpretación.
Hoy en día, la Ciudad de México tiene
cerca de 25 millones de habitantes y sólo un 2.1% de analfabetismo, lo que se
traduce en que la mayoría, de los casi cinco millones de pasajeros diarios,
puede leer texto. ¿Es necesario seguir preservando el ícono? ¿no sería más
importante revisar el trazo de la tipografía y su función óptica en movimiento?,
son cuestionamientos que un sistema de transporte debe realizarse, una mala
señalización termina por confundir y reduce la correcta operación del flujo de
pasajeros.
Cierto es, que la identidad icónica del
metro es una de sus características estéticas, que se suman a otras como el
color naranja de los trenes, su función de referencia es bastante permeable en
la población. Por lo mismo, nos preguntamos, hasta donde es permisible romper
con la identidad creada con base en un diseño bien fundamentado por sus
creadores, justificándose en una “innovación” cuatro décadas después.
La tarea no es fácil, por ello deben ser
expertos en señalética los responsables. La nomenclatura de la ciudad se da en
español y náhuatl, convergen hasta tres estaciones en una sola avenida, al
parecer todos los héroes nacionales vestían igual, hay virgencitas en cada
punto cardinal, los glifos prehispánicos guardan mucha similitud entre sí, y
para colmo, los nombres asignados son larguísimos y poco afortunados. Sin duda
lo más grave, es que se evidencia que las soluciones se dieron desde un
escritorio, la institución responsable ignoró unos de los elementos medulares
del diseño: al usuario.
Enlistar los errores y horrores que hoy
visten al transporte de la Ciudad de México, sería una larga labor; creyentes
que la solución ícono-nombre es la adecuada se ha llevado a otros medios de
transporte como el trolebús y metrobús, dando origen a una de las peores
soluciones de señalización. Descartando sistemas alfanuméricos, el empleo de
tipografía para cartel y uso de materiales adecuados para su producción. Para
el Metro el empleo de íconos es una solución, hoy en día, más estética que
funcional. Se debe crear una cultura de
texto legible, crear sistemas visuales que favorezcan el entendimiento,
nomenclaturas claras, experimentar como usuario, y que todo en su conjunto sean
un sistema de comunicación efectivo en transporte urbano.
Esperemos que los gobiernos subsecuentes
dediquen un poco más de presupuesto o atención a la señalética en los medios de
transporte, dando esta labor a verdaderos profesionales del diseño. Como
usuarios lo sabremos agradecer y como diseñadores nos sentiremos orgullosos.




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